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Cuando me separé...



Sentí miedo a no ser suficiente.

Suficiente mamá.

Suficiente mujer.

Suficiente para llamar a mi hogar, FAMILIA.



Sentí miedo de no haberlo intentado más, de no haberme exigido más.

Sentí miedo al qué dirán que te sepulta sin conocer las razones.


Sentí culpa. Mucha culpa.


Sentí soledad cuando mi casa se quedó en silencio y no escuché por días la risa, el llanto, los pasos que indican que están corriendo porque mi hijo(a) se fue a estar con su papá.


Y volví a sentir miedo. Un miedo que te paraliza porque no sabes por dónde empezar.


Empezar el duelo.

Empezar a sanar.

Empezar a soltar viejas creencias y aprender nuevas.

Empezar a aceptar tu nueva realidad. Tu perfecta realidad.


Soy suficiente.

Suficiente madre.

Suficiente mujer


Mi hogar somos mi hijo(a) y yo y qué orgullosa me siento de MI FAMILIA.


Sentí paz al saber que no puedo controlar lo que piensen los demás y que sólo yo sé que es lo mejor para mí.


Sentí libertad cuando me permití sentir culpa hasta que un día la despedí.


Sentí compasión por mí cuando esa soledad me recordó lo que me duele y empecé a curarme, a amarme y aceptarme.


Fueron muchas cosas las que solté pero que abrieron paso a todo lo que hoy llena mi ser.



Con todo mi amor, Pao.


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